
miércoles, 28 de diciembre de 2011
De tarde a mañana

martes, 27 de diciembre de 2011
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Imaginación

La imaginación es un músculo. Lizo pero flexible. Se puede estirar como goma de mascar hasta que duela y uno termina mareado. O se puede dejarse arrumbado mientras la mente se ocupa de regir con su estricta lógica en busca de la veracidad. Pero aquel músculo insensato se esconde, se lía entre nervios y se acerca al corazón que lo nutre de líquido vital. Palpitante y rechoncho se convierte en una fierecilla que nos salta al cuello y nos hace cometer locuras. Es por eso que a esta bestia hay que sacarla a pasear.
Girasí
lunes, 5 de diciembre de 2011
Hoja en blanco.
domingo, 4 de diciembre de 2011
Manifiesto

sábado, 3 de diciembre de 2011
La soledad.
El chal negro.
Entre un bache y otro, la voz de Don Horacio se cortaba más por el camino que por la edad. El sol daba de lleno en aquella lata sardinera pero él, acostumbrado al sol de la costa y ahora resignado a la fría soledad de una casa casi vacía, sentía la caricia del astro rey como un suave recuerdo que apenas conforta el alma.
Las suaves bolsas bajo sus ojos guiaban cortas miradas de un lado a otro mientras contaba un viejo y repetitivo sueño a su nieta que lo llevaba a comprar un pantalón nuevo. Sentado junto a él, un joven contador lo mismo mandaba mensajes de texto que lanzaba una que otra pregunta o exclamación paraqué pareciera que ponía alguna atención al abuelo de su prometida.
- Estaba enojada; parada junto a Irma. Casi siempre está junto a ella o junto a Sara… pero más con Irma.
- Ajá… con Irma. Qué raro.
- En todo el tiempo no me habla pero yo vi que estaba enojada. Me pregunto por qué estaba tan enojada.
Don Horacio hizo una breve pausa, el reflejo de un rayo de sol en le vidrio de un coche y quizá recordó el brillo del mar al ponerse el sol, cuando la sal y la plata comparten el mismo espacio y la misma naturaleza helada.
- Nunca me dice nada; desde que la sueño no me dice nada.
- Qué raro abuelo ¿y estaba con Irma?
- Sí, estaba parada junto a Irma, no era Sara, era Irma. Estaba vestida con la ropa que se llevó: una blusita verde y un pantalón rojo, era una nena, parecía una fresita.
- Ah…
- Tu abuela llevaba puesto su vestido, no con el que se le fue. Llevaba un vestido blanco, el vestido con el que te entregamos en tu boda.
- Ah, sí, me acuerdo.- Y volvió a tomar su teléfono negro, como un cajita en la que iba depositando deseos, viajes y ensoñaciones muy distantes del mar y de los recuerdos de un viejo que se aferraba lo mismo al tubo de un microbús que al de la vida y que sorteaba cada bache y cada tope como alguna vez lo hizo con las olas que rompían en su espalda.
Una gota salada, que pudo ser de sudor o de ensoñaciones perdidas, surcó la mejilla de don Horacio quien poco a poco se fue sumiendo en el vaivén del viaje y del sol, repitiendo para sí mismo con mucha suavidad y con el blando peso de la ternura:
- Y el chal, el chal negro que se llevó cuando la enterramos.
Una ligera brisa, producto de la aceleración del transporte, llegó hasta la cansada piel del anciano, quien, con un gesto suave pero impregnado de melancolía, acarició el dorso de su mano izquierda con la derecha y aceptó un rayo más de sol como si aquél chal lo cobijara con cariño.
Polvo

viernes, 2 de diciembre de 2011
Muerte

Por aca, en México, la muerte siempre la pintamos con los dientes bien pelados, en una cándida sonrisa mal confundida con burla. Por eso, cuando te encuentro te enseño mis dientes, para enseñarte mi muerte y me correspondes: me enseñas tus dientes, me enseñas tu muerte. Ya a sabiendas de nuestra desnuda igualdad podemos sentarnos uno frente al otro.
jueves, 1 de diciembre de 2011
Resquicio.
Poesía experimental

Un lugar sin vida.
La chica acostada en el interior de un establo, viendo las estrellas relucir su mejor luz en el cielo nocturno. Pensó que todo debía ser tan reluciente como aquellas bellas luces infinitas. Un ruido que sofocó el silencio dispuso a llamar su atención. Pareció el lamento de un crio humano ¡Qué pavor traspasó su piel! Sin querer abandonar el lugar, trato en vano localizar el origen de ese aterrador ruido. No encontrando solución a su deficiencia, se dio a la tarea de levantarse e indagar sobre las cercanías.
Ese lamento hizo de nuevo su aparición, y ella como por razón de instinto, tapo sus oídos y se acurruco sobre sus piernas. Empezó a balbucear algo que solamente ella sabia que fue. Cerró sus ojos y pensando en otras cosas, quiso mitigar el momento de pavor. Cuando abrió los ojos, se percató que no era más que solo un sueño. Un sueño del que no despertaría jamás, un sueño del que no podría salir, un grito que se extinguió cuando abrió los ojos y todo se torno oscuro. Las luces no eran más que dolencias en la vista cansada. Un grito que terminó cuando se dio cuenta que ella ya no pertenecía a este mundo, y que su cuerpo yacía en un establo, dentro de una caja. Un cuerpo abandonado e inerte que esperaba exhalar un alma cegada en ese lugar. Un cuerpo en espera de una existencia. Al final, solo quedó, un lugar sin vida.

