miércoles, 28 de diciembre de 2011

De tarde a mañana


En el nombre de tus caderas
volteo al cielo para saber si el agua fluye,
líquido amniótico y visceral,
miel de flor de loto otoñal.

Ha niña siempre que te recuestas te veo,
como natal, como innata;
siempre te recuestas por la tarde
y amaneces de brazos cruzada.

Déjame escuchar el aroma matinal
lastrar los matices nacarados de tu sexo
pujante, virginal, atrevido
monstruo licuoso y ornamentado.

Tus labios siempre remojados me recuerdan tanto al arte.
Me recuerdan torres inconmensurables de labrado artificio.

Ya te beso, y luego te preparo el desayuno
ya es hora de levantarse.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Imaginación


La imaginación es un músculo. Lizo pero flexible. Se puede estirar como goma de mascar hasta que duela y uno termina mareado. O se puede dejarse arrumbado mientras la mente se ocupa de regir con su estricta lógica en busca de la veracidad. Pero aquel músculo insensato se esconde, se lía entre nervios y se acerca al corazón que lo nutre de líquido vital. Palpitante y rechoncho se convierte en una fierecilla que nos salta al cuello y nos hace cometer locuras. Es por eso que a esta bestia hay que sacarla a pasear.

Girasí

Planta curiosa del tipo que nunca te regala su aroma, desperdicia su belleza mirando siempre hacia abajo y no hace más que suspirar. Curioso es, también, que sea una planta que se considere peligrosa pues los que llegan a verla afirman que su belleza es arrobadora obligando a todo aquél que de ella queda prendado a vigilar eternamente si es que les regala un vistazo si quiera. Esta planta intrigante posee cualidades somníferas y genera elaboradas alucinaciones de mundos de extraordinaria belleza y contemplación, acompañadas de mutismo y pérdida repentina del apetito. Sus vivos pétalos, aunque siempre caídos, forman un velo irresistible que muchas veces atrae a su presa y la sume en un mundo ensimismado total.
Las criaturas que mueren presas de su encantamiento, en el final de su existencia suelen agonizar y dar cortos y apresurados suspiros con leves quejidos que parecen murmurar: "¡Qué desperdicio!¡Qué desperdicio!". En el preciso instante que el observador exhala su último aliento, la curiosísima flor levanta su corola y, caso desconcertante para los estudiosos, si se encuentra sin ser observada directamente, sus pétalos caen y se marchita en el acto o bien, muda sus colores, se vuelve pequeña y completamente verde: renace para elegir el tipo de flor que desea ser... Escasos son aquellos que alguna vez la contemplaron por largo tiempo para aprender sus hábitos y sobrevivieron a su magia ¿cómo lo sé? Yo fui ésa flor.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Hoja en blanco.

EL vértigo de querer saltar al vacío y no poder, la atracción fatal y natural de la gravedad y no saber cómo caer, la seducción del abismo y no recordar el método para saltar; la angustia de manchar un lienzo sin definir si es un punto o una línea, la desesperación del vapor atrapado en la nube por bajar a besar la tierra yerma, la soledad de la hoja a mitad del mar y a la deriva, la indecisión del niño que duda si correr a brazos de su madre o a los del mundo: el miedo de la primera palabra sobre ése desierto blanco que es la página virgen.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Manifiesto


¡Yo como hombre
he atado una vara
a mi espalda para enderezarla!
he entregado mi libertad
a mi prójimo por una sonrisa.

Como poeta...
me he arrancado las alas
y escrito sobre ellas
para entregárselas al que las lea

Siempre he caminado
con el corazón en la mano
para el que quiera tomarlo,
para el que quiera dañarlo.

Yo que llegué desnudo
y lloré porqué lo primero que vi
fue la luz del mundo
te entrego lo que nada soy
y nada llevo. Ni la razón…
¿Para qué la quiero?

sábado, 3 de diciembre de 2011

La soledad.


Existe una línea delgada entre la felicidad y la tristeza. Tú llegaste a ser esa línea, y rompiste ambos horizontes de conmoción. Hola felicidad, adiós tristeza; hola tristeza, adiós felicidad. Al final quedé solo yo.

El chal negro.

Entre un bache y otro, la voz de Don Horacio se cortaba más por el camino que por la edad. El sol daba de lleno en aquella lata sardinera pero él, acostumbrado al sol de la costa y ahora resignado a la fría soledad de una casa casi vacía, sentía la caricia del astro rey como un suave recuerdo que apenas conforta el alma.

Las suaves bolsas bajo sus ojos guiaban cortas miradas de un lado a otro mientras contaba un viejo y repetitivo sueño a su nieta que lo llevaba a comprar un pantalón nuevo. Sentado junto a él, un joven contador lo mismo mandaba mensajes de texto que lanzaba una que otra pregunta o exclamación paraqué pareciera que ponía alguna atención al abuelo de su prometida.

- Estaba enojada; parada junto a Irma. Casi siempre está junto a ella o junto a Sara… pero más con Irma.

- Ajá… con Irma. Qué raro.

- En todo el tiempo no me habla pero yo vi que estaba enojada. Me pregunto por qué estaba tan enojada.

Don Horacio hizo una breve pausa, el reflejo de un rayo de sol en le vidrio de un coche y quizá recordó el brillo del mar al ponerse el sol, cuando la sal y la plata comparten el mismo espacio y la misma naturaleza helada.

- Nunca me dice nada; desde que la sueño no me dice nada.

- Qué raro abuelo ¿y estaba con Irma?

- Sí, estaba parada junto a Irma, no era Sara, era Irma. Estaba vestida con la ropa que se llevó: una blusita verde y un pantalón rojo, era una nena, parecía una fresita.

- Ah…

- Tu abuela llevaba puesto su vestido, no con el que se le fue. Llevaba un vestido blanco, el vestido con el que te entregamos en tu boda.

- Ah, sí, me acuerdo.- Y volvió a tomar su teléfono negro, como un cajita en la que iba depositando deseos, viajes y ensoñaciones muy distantes del mar y de los recuerdos de un viejo que se aferraba lo mismo al tubo de un microbús que al de la vida y que sorteaba cada bache y cada tope como alguna vez lo hizo con las olas que rompían en su espalda.

Una gota salada, que pudo ser de sudor o de ensoñaciones perdidas, surcó la mejilla de don Horacio quien poco a poco se fue sumiendo en el vaivén del viaje y del sol, repitiendo para sí mismo con mucha suavidad y con el blando peso de la ternura:

- Y el chal, el chal negro que se llevó cuando la enterramos.

Una ligera brisa, producto de la aceleración del transporte, llegó hasta la cansada piel del anciano, quien, con un gesto suave pero impregnado de melancolía, acarició el dorso de su mano izquierda con la derecha y aceptó un rayo más de sol como si aquél chal lo cobijara con cariño.

Polvo


Al abrir las puertas en seguida vi esa informe mota de polvo. Café oscuro, o negro, no lo se era una mota de polvo que nadie veía. Pero estaba en medio de ese corredor transitado. La gente pasaba sin vela. Pero nadie la pisaba. Pasaban demasiado cerca o demasiado lejos, pero nadie la pisaba. El echo no tendría significancia alguna. Pero entonces pasó. La pequeña mota se movió, bailo juguetona, temerosa. La pequeña mota no era un ente inanimado. Insecto, quizá, pero estaba ahí y daba muestras de vida. Y la gente pasaba sin verla, demasiado cerca o demasiado lejos. De suerte nadie la pisaba, nadie la pateaba. Pero de suerte no era intencional pero vivía.

¿No seremos quizá todos motas de polvo? Unas veces inertes, otras juguetonas, pero vivas. ¿No pasará la gente sin vernos? Unas veces demasiado cerca y oras demasiado lejos, quizá, con algo de suerte sin pisarnos, sin patearnos. Quizá un día no tengamos tanta suerte. Pero mientras tanto escribiré y denunciaré, que hay que mirar a todas las motas de polvo sean animadas o inanimadas.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Muerte


Por aca, en México, la muerte siempre la pintamos con los dientes bien pelados, en una cándida sonrisa mal confundida con burla. Por eso, cuando te encuentro te enseño mis dientes, para enseñarte mi muerte y me correspondes: me enseñas tus dientes, me enseñas tu muerte. Ya a sabiendas de nuestra desnuda igualdad podemos sentarnos uno frente al otro.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Resquicio.


Finalmente la ensoñación se iba dibujando en el cuadernillo y el sabor a mar desapareció de sus labios, los autos atropellaron el rugido de las olas al romper y la diminuta ventana se cerró violentamente.

Poesía experimental


Se trata de poesía para ser vista.

La poesía experimental consiste en la fusión entre las artes plásticas y las letras. Es un arte transgresor por excelencia, pues es una forma de poesía no verbal y una forma plástica no objetual.

Tiene dos componentes fundamentales uno icónico y otro verbal. Recurre a elementos tipográficos, al uso del color, y la disposición de espacio.

Saca a la poesía de su mera expresión verbal e iconoclasta y convierte las imágenes mentales en materiales y a lo material en imagen mental.

En este poema laberinto se transgrede la forma en que un lector aborda a la poesía. Puede empezar en donde sea y continuar por los sinuosos caminos que se unen y separan para generar sensación de extravío o de encuentro según el ánimo con que se lea.

Se invita al colectivo a experimentar con esta forma de poesía.

Un lugar sin vida.


Sobre todo lo previsto, siempre hubo una intensión final. Un propósito en que todo debía ser alegría y paz. Nunca espero eso. Un pensamiento, solamente, que ha sido muy vago a lo que en realidad pasaría.
La chica acostada en el interior de un establo, viendo las estrellas relucir su mejor luz en el cielo nocturno. Pensó que todo debía ser tan reluciente como aquellas bellas luces infinitas. Un ruido que sofocó el silencio dispuso a llamar su atención. Pareció el lamento de un crio humano ¡Qué pavor traspasó su piel! Sin querer abandonar el lugar, trato en vano localizar el origen de ese aterrador ruido. No encontrando solución a su deficiencia, se dio a la tarea de levantarse e indagar sobre las cercanías.
Ese lamento hizo de nuevo su aparición, y ella como por razón de instinto, tapo sus oídos y se acurruco sobre sus piernas. Empezó a balbucear algo que solamente ella sabia que fue. Cerró sus ojos y pensando en otras cosas, quiso mitigar el momento de pavor. Cuando abrió los ojos, se percató que no era más que solo un sueño. Un sueño del que no despertaría jamás, un sueño del que no podría salir, un grito que se extinguió cuando abrió los ojos y todo se torno oscuro. Las luces no eran más que dolencias en la vista cansada. Un grito que terminó cuando se dio cuenta que ella ya no pertenecía a este mundo, y que su cuerpo yacía en un establo, dentro de una caja. Un cuerpo abandonado e inerte que esperaba exhalar un alma cegada en ese lugar. Un cuerpo en espera de una existencia. Al final, solo quedó, un lugar sin vida.