miércoles, 28 de diciembre de 2011

De tarde a mañana


En el nombre de tus caderas
volteo al cielo para saber si el agua fluye,
líquido amniótico y visceral,
miel de flor de loto otoñal.

Ha niña siempre que te recuestas te veo,
como natal, como innata;
siempre te recuestas por la tarde
y amaneces de brazos cruzada.

Déjame escuchar el aroma matinal
lastrar los matices nacarados de tu sexo
pujante, virginal, atrevido
monstruo licuoso y ornamentado.

Tus labios siempre remojados me recuerdan tanto al arte.
Me recuerdan torres inconmensurables de labrado artificio.

Ya te beso, y luego te preparo el desayuno
ya es hora de levantarse.

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