Sobre todo lo previsto, siempre hubo una intensión final. Un propósito en que todo debía ser alegría y paz. Nunca espero eso. Un pensamiento, solamente, que ha sido muy vago a lo que en realidad pasaría.
La chica acostada en el interior de un establo, viendo las estrellas relucir su mejor luz en el cielo nocturno. Pensó que todo debía ser tan reluciente como aquellas bellas luces infinitas. Un ruido que sofocó el silencio dispuso a llamar su atención. Pareció el lamento de un crio humano ¡Qué pavor traspasó su piel! Sin querer abandonar el lugar, trato en vano localizar el origen de ese aterrador ruido. No encontrando solución a su deficiencia, se dio a la tarea de levantarse e indagar sobre las cercanías.
Ese lamento hizo de nuevo su aparición, y ella como por razón de instinto, tapo sus oídos y se acurruco sobre sus piernas. Empezó a balbucear algo que solamente ella sabia que fue. Cerró sus ojos y pensando en otras cosas, quiso mitigar el momento de pavor. Cuando abrió los ojos, se percató que no era más que solo un sueño. Un sueño del que no despertaría jamás, un sueño del que no podría salir, un grito que se extinguió cuando abrió los ojos y todo se torno oscuro. Las luces no eran más que dolencias en la vista cansada. Un grito que terminó cuando se dio cuenta que ella ya no pertenecía a este mundo, y que su cuerpo yacía en un establo, dentro de una caja. Un cuerpo abandonado e inerte que esperaba exhalar un alma cegada en ese lugar. Un cuerpo en espera de una existencia. Al final, solo quedó, un lugar sin vida.
La chica acostada en el interior de un establo, viendo las estrellas relucir su mejor luz en el cielo nocturno. Pensó que todo debía ser tan reluciente como aquellas bellas luces infinitas. Un ruido que sofocó el silencio dispuso a llamar su atención. Pareció el lamento de un crio humano ¡Qué pavor traspasó su piel! Sin querer abandonar el lugar, trato en vano localizar el origen de ese aterrador ruido. No encontrando solución a su deficiencia, se dio a la tarea de levantarse e indagar sobre las cercanías.
Ese lamento hizo de nuevo su aparición, y ella como por razón de instinto, tapo sus oídos y se acurruco sobre sus piernas. Empezó a balbucear algo que solamente ella sabia que fue. Cerró sus ojos y pensando en otras cosas, quiso mitigar el momento de pavor. Cuando abrió los ojos, se percató que no era más que solo un sueño. Un sueño del que no despertaría jamás, un sueño del que no podría salir, un grito que se extinguió cuando abrió los ojos y todo se torno oscuro. Las luces no eran más que dolencias en la vista cansada. Un grito que terminó cuando se dio cuenta que ella ya no pertenecía a este mundo, y que su cuerpo yacía en un establo, dentro de una caja. Un cuerpo abandonado e inerte que esperaba exhalar un alma cegada en ese lugar. Un cuerpo en espera de una existencia. Al final, solo quedó, un lugar sin vida.
Buen cuento, me gusta como transcurre la narración desviando la atención a otros puntos para después asestar el golpe final como en el box, diría Cortázar.
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